Sebastián Mercante, un argentino que vive en España, viajó a Inglaterra para matar a su mujer de la que estaba separado. Como no encontró a su ex pareja -que recientemente le había pedido el divorcio- mató a su suegra a cuchilladas. Luego se suicidó desde un octavo piso.
Sebastián Mercante, un argentino de 40 años, era una persona bastante conocida en el ambiente nocturno de Playa de las Américas de Tenerife, donde a veces se ocupaba de las tareas de seguridad de alguna discoteca, según publica el diario La Opinión de Tenerife.
Según un testigo que conoció al fallecido, "éste al parecer se había separado de su mujer, Claire Tootill, en 2008, cuando ella decidió regresar al Reino Unido, a casa de su madre, Carol Berry, quien murió a manos de Sebastián, después de torturarla. Parece ser que en días pasados recibió una llamada donde ella le comunicaba su deseo de divorciarse, puesto que se encontraba embarazada".
Mercante le dijo a sus amigos que se iba a ir unos días de viaje a Bilbao, a casa de unos amigos, y de ahí partiría hacia Manchester.
Según parece, desde que se enteró de la petición de divorcio que le hizo su mujer, decidió adquirir el ´kit´ con el que pretendía acabar con la vida de su familia política a través de EBay y que facturó en el aeropuerto Reina Sofía.
Según la prensa británica, Sebastián Mercante, nada más llegar a Huddersfield, en el condado de Yorkshire, se dirigió hacia la casa de su mujer, un pequeño bungalow adosado, de puertas blancas y con jardín. Al no hallar a su mujer, se vengó con la que había sido su suegra, Carol Barry, a la que apuñaló hasta la muerte, ya que según se desprende de las declaraciones del hijo de la fallecida, culpaba a ésta de su separación.
Su hijo, Andrew Fiel, de 36 años, trató de defender a su madre y fue herido en las manos y en el cuello al tratar de defenderse de los ataques de Mercante. Trasladado a un hospital, sus heridas en principio no revisten gravedad.
El asesino abandonó la vivienda y se dirigió en coche hasta la ciudad de Manchester, que dista unos 45 kilómetros de donde cometió el asesinato. Se subió a un apartamento de ocho plantas y se arrojó al vacío, pereciendo en el acto. Antes de acabar con su vida dejó escrito con la yema de sus dedos y con su propia sangre "Jódete Clair".
La muerte de Carol Barry fue muy sentida entre el vecindario, según destaca la prensa británica, ya que era una persona muy reservada, que vivía para su familia.
Mercante, amante del nazismo y quien tenía tatuada una cruz gamada, mantenía amistad con un grupo de libaneses en el sur. Fue precisamente su corpulencia (medía casi un metro ochenta y cinco) lo que le permitió encargarse de los clientes "molestos" dentro del mundo del turismo a tiempo compartido. Dado su antiguo pasado militar era un consumado deportista que acudía con frecuencia al gimnasio.



